La Diáspora: el Octavo Herrialde | Centro Vasco Venezolano de Carabobo

La Diáspora: el Octavo Herrialde

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La Diáspora: el Octavo Herrialde

Contenido de la charla dictada el 8 de septiembre de 2018 por Odón Ulibarrena con motivo de la celebración del Día de la Diáspora Vasca

El propósito de la presente introducción es mostrar algunos antecedentes del vigor étnico de los Amerikanuak (concepto difundido por William A. Douglass y Jon Bilbao) para demostrar la existencia de un heterogéneo grupo de personas que se sienten Vascos, a pesar de no vivir en Euskadi ni hablar Euskera.

Dejando a un lado el intento de tirar por la borda a Colón por parte de algunos vascos en su primer viaje, formar grupo propio en el Fuerte Navidad de La Española el año 1498, al mando de Diego de Arana, es la primera demostración de su vinculación étnica en América.

Debido al auge comercial americano y a la navegabilidad del Guadalquivir, Sevilla fue convertida en la capital económica, política y religiosa. Allí se radicaron franceses, flamencos, alemanes, portugueses y vascos, que fundamentalmente llevaban hierro de Bizkaia, Gipuzkoa y noroeste de Navarra, importando trigo. Los documentos señalan vecindarios vascos en los barrios de Castellanos y La Mar, así como en la calle Castro y collación de Santa María la Mayor.

¿De dónde pudieron surgir los poderosos vínculos étnicos que cristalizaron el año 1540 en la Congregación de los Vizcaínos de Sevilla, también conocida como Hermandad de Guipuzcoanos y Vizcaínos? De la experiencia en el solar patrio pues los Andikis-Señores Feudales no pudieron contener la mentalidad social emanada del Gizabidea, que me gusta denominar Auzokrazia. Las Buenas Personas, lejos de resignarse a su suerte, asentados en el Trabajo consolidaron poblaciones de Personas libres que consiguieron revertir el auge de la mentalidad indoeuropea.

Los Andikis no admitieron a ninguna de las Villas vizcaínas en sus Juntas de Gernika porque “… ni havian sido ante-iglesias, ni parroquias…”  hasta que su empuje socio económico les obligó a integrarlas: Güeñes y Gordexola en 1624, Derio en 1628, Zalla en 1668, Galdames 1672, el Valle de Somorrostro en 1682 y el de Orozko en 1785.

Los vascos sabían muy bien cómo lidiar con los señores feudales y el asentamiento en Andalucía siguió los esquemas de la reinstauración de la Auzokrazia. Tuvieron que variar las formas puesto que las ciudades andaluzas no eran vascas y se agruparon en Hermandades, de cuyo seno salieron personajes tan poderosos como Juan Bautista de Aginaga, del Consejo de S.M. y de la Casa de Contratación o Antonio de Legórburu, prior del Consulado de Cargadores de Indias.

La dura experiencia que supuso la restauración de la Auzokrazia les aconsejó no dejar ningún “cabo suelto”. Se les achaca una proclama: “Antes Paisano que Dios” y pudiera ser cierto ya que al Vecino se ha considerado preferible al pariente. Lo documentalmente cierto es que tuvieron en cuenta el ámbito eclesiástico hasta el punto de que Cristóbal de Rojas Sandoval, nacido en Hondarribia-Fuenterrabía, fue obispo de Sevilla a finales del siglo XVI. En el siglo XVII pertenecieron al cabildo catedralicio de Sevilla 17 vascos y en el siglo XVIII fueron 31.

En Potosí, la capilla de Nuestra Señora de Aránzazu, según documento posterior, fue fundada en 1589, formalizando la Hermandad en 1601. Una Hermandad con el vigor suficiente como para sostener una guerra contra peninsulares, mayormente de origen andaluz y extremeño, desde 1582 hasta 1666: 84 años. Una Guerra que se conoce como de los Vicuña.

Habiendo tanta plata en Potosí, ¿por qué se llegó a la guerra? Según testimonios de la época “En el año de 1602 se comenzaron los vascongados a señalar en armas y riquezas; 80 de ellos eran azogueros (de 132); 160 mercaderes… de 12 comerciantes en plata 8 eran vizcaínos; de 12 concejales 6 eran de esta nación…los alcaldes veedores del cerro eran vascongados; de 38 oficiales de la Casa de Moneda, los 22 eran de esta nación; de 10 de las Reales cajas los 6 vascongados; y así en todo lo demás de la república…”

El asunto venía de lejos. Ya en 1582, españoles oriundos de Andalucía y Extremadura, mayoritariamente, pelearon contra los vascos hasta el punto de causar 8 muertos. Un capitán vasco fue asesinado en 1583 y 8 casas del barrio extremeño fueron asoladas. La guerra se cobró 85 víctimas en 1588. Los criollos se sumaron a los españoles y solo en 1593 murieron 16 vascos. En 1608 murieron 52 vascos, 12 criollos y 7 portugueses. Murieron 70 vascos y 20 contrarios en 1614. Pese al dictamen favorable del gobernador a los vascos, la guerra cobró 50 vidas en 1617. En 1623 se produjo un hecho notorio pues los Amerikanuak de Potosí solicitaron la intercesión de la Provincia de Guipúzcoa para en la Corte madrileña, hablando en nombre de los originarios de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa, y Navarra, “sin distinción hermanados en estos extendidos reinos de las Indias con amor y benevolencia nos llamamos vascongados”. La sangría perduró hasta 1624, hasta el punto de que Xelder, líder de los peninsulares conocidos como Vicuñas, después de asesinar a un jesuita que lo reprendió durante un sermón, decía: “…que todas las naciones estéis unánimes con los criollos porque así se facilitará la destrucción de estos vizcaínos”. Así debió ser porque los vascos solicitaron auxilio al Virrey. El capitán de la guarnición de Potosí decidió enfrentar el ejército enviado desde Lima, pero no se llegó a derramar sangre por un acuerdo rubricado mediante un matrimonio entre un morrosko vasco y una castellana.

Los documentos de la época constatan la transgresión del pacto por parte de los Vicuñas, calificándose sus acciones como bandidaje. Algunos historiadores zanjan la Guerra en esta fecha de 1624 pero los documentos recogen sangrientos hechos en La Paz durante 1661 y 1666.

Los más trágicos se desarrollaron en el campo minero de Icazota, donde fue controlado un complot contra los vascos en 1665. Salcedo prosiguió las hostilidades y muchos vascos tuvieron que buscar refugio en el campo. El capitán vasco, Pedro de Garro hizo huir a Salcedo quien regresó al cabo de un año con 800 hombres. La destrucción de los bienes vascos fue prácticamente total y 350 perdieron la vida. Demasiados años transcurrieron hasta que Salcedo fuese ajusticiado por sus crímenes.

En opinión de Douglass y Jon Bilbao: “La guerra civil del Perú, que se enconó durante varias décadas, y los sucesos de Icazota constituyen los ejemplos extremos del sentimiento anti vasco en la historia del Nuevo Mundo. Está claro que la envidia suscitada por el éxito económico y político obtenido por los vascos, así como su manifiesto espíritu de clan y su altanería, fueron las principales causas de la ola de violencia anti vasca.”

La adquisición de una capilla y un mausoleo sepulcral en la iglesia San Francisco de Lima, el 13 de febrero de 1612, prueba la unidad vasca en Perú, pese a que la Hermandad no se oficializase hasta 1635. Algo realmente notorio de esta Hermandad es que no solo se admitían los oriundos de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra, sino a los de Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera. En esto debieron influir los genes culturales del Gizabidea pues conviene tener en cuenta que el 4 de mayo de 1296 se formalizó la Hermandad de las Marismas, inicialmente conformada por Santander, Laredo, Castro  Urdiales, Bermeo, Getaria, Donostia-San Sebastián, Hondarribia-Fuenterrabía y Gasteiz-Vitoria, adhiriéndose San Vicente de la Barquera  el año 1297. Esta Hermandad duró hasta 1494: 198 años. ¿De qué otro modo podemos explicar el texto de la placa de bronce instalada en 1693? “Aquí yacen los muy nobles y muy leales hijos y descendientes de la Provincia de Cantabria”.  En 1865 loa bienes de la Hermandad pasaron a manos de la Beneficencia Pública de Perú, pero su espíritu permaneció en un grupo de vascos integrados en Club Nacional de Lima, fundado en 1855. Lo que nos conviene recordar es que el 13 de febrero del 2012, miembros vascos de dicho Club, encabezados por Julio Pablo Bazán, dieron vida a la actual Arantzazuko Eusko Etxea de Lima.

Al hablar de México creo que debemos recordar a Francisco de Ibarra, llegado a Nueva España (México) en 1539, siendo un niño. A partir de 1554 y hasta 1564 exploró el norte, fundando la provincia de Nueva Vizcaya, cuya capital fue denominada Durango. Nombrado gobernador, declaró que el Fuero de Vizcaya sería el código legal del territorio bajo su mando, por lo que todos sus habitantes fueron considerados nobles y exentos de pagar tributos al rey de Castilla, lo cual disgustó mucho a la corte madrileña. Recordemos un hecho diferencial resaltado por G. W. Villiers, conde de Clarendon, embajador inglés en Madrid en su obra, “Portugal and Galicia, with a review of the social and political state of the basque provinces”, publicada por el editor John Murray en Londres, el año 1836: “Ningún vizcaíno residente en una provincia de España, puede ser juzgado, civil o criminalmente, por las leyes de Castilla, sino en el caso debe ser llamado a Valladolid, para ser resuelto por un tribunal de jueces vizcaínos, y en conformidad con las leyes de Vizcaya”.   Imposible no recordar el comentario de un funcionario español del siglo XVII respecto a sucesos del siglo XVII en Guatemala “Fue justo quitar a Landecho de la presidencia (de la Audiencia), hubiera convertido el reino de Guatemala en una nueva Vizcaya”.

Los comerciantes vascos de México se asociaron el año 1584 en el Real Tribunal del Consulado (cámara de comercio). Hubo mucho más que comercio y para muestra creemos que basta tener en cuenta la publicación en 1607 de la obra de Balthasar de Etxabe, “Discursos de la Antigüedad de la Lengua Bascongada”.

La Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu fue creada en 1671, inaugurando en 1688 su propia iglesia que también sirvió de cementerio. El inventario de 1710 refleja que la estatua de la Virgen tenía un vestido con 180 esmeraldas; el velo engarzaba 64 diamantes; los antebrazos estaban cubiertos con brazaletes de perlas.  Los cinco altares menores tenían 12 estatuas de mármol de tamaño natural, vestidas con sedas de China. Los espejos eran de cristal tallado veneciano; las 15 lámparas eran de plata; de los 8 cálices, 2 eran de oro y las pinturas eran obra de Nicolás de Arteaga.

Todo ello sin autorización del arzobispo, siendo denunciados, solicitada  y aprobada la excomunión de sus miembros. El vicario general de México, Tiburcio de Anuncibay y Anaya, señaló que la excomunión podía “socavar la paz pública”. ¡Todo quedó en “agua de borrajas”! Elevada la Hermandad a Cofradía, conforme al deseo de los vascos, en 1728 tuvo lugar un grave incidente con un sacerdote mercedario que fue sacado de la capilla por pedir limosna. La denuncia elevada al alcalde citadino decía que eran “…todos unos perros herejes vizcaínos, gachupines viles, inobedientes, relapsos …a quantos vizcaínos vivían en México había que desterrar”. Los “mexikanuak” obtuvieron en 1729 la protección de Felipe V gracias a su hermanamiento con la Real Congregación Nacional de Hijos, y Originarios de las tres muy nobles, y muy leales provincias de Cantabria, más conocida como Congregación de San Ignacio, fundada en Madrid el año 1713. ¿Nos asombraremos de que dicha institución vasca de los Madriles siga vigente? ¿Tal vez de que  la relevante participación de los dantzaris de la Euskal Etxea del Madrid contemporáneo de brillo a su festividad más notoria, la del Corpus?

Debemos retroceder 284 años e ir a México para mencionar la obra más emblemática de los Mexikanuak: el Hospicio de San Ignacio, más conocido como Colegio de las Vizcaínas, que todavía sigue activo. El terreno fue comprado en 1733 y el 30 de junio de 1734, el obispo de Nueva Vizcaya, Juan Antonio de Bizarrón y Martín de Elizakoetxea, colocó la primera piedra.

La Solidaridad es uno de los cimientos del Gizabidea en el que se han sustentado las Hermandades, Lagunarteak, Asociaciones de Socorros Mutuos y Fondos Auto administrados.

¿Será malo recordar una tradición oral mexicana respecto al origen del Hospicio de San Ignacio? El principal impulso fue debido al guipuzcoano Francisco de Etxebeste, Almirante de la Flota de Indias en dos ocasiones y embajador en China, entre otras ocupaciones. Paseaba por la ciudad cuando se le acercaron unas niñas a pedir limosna; horrorizado porque una de ellas era de ascendencia vasca, decidió acometer la fundación el colegio. Otras versiones señalan que Ambrosio de Meabe y Manuel de Aldako estaban paseando con Etxebeste al momento de la efeméride. Sea como fuere, lo documentalmente cierto es que no se conformaron con darles limosna.

En 1731 se recaudaron 40.033 pesos entre 181 vascos. La mayor donación ascendió a 6.000 pesos, obra del obispo de Nueva Vizcaya, Juan Antonio de Bizarrón y Martín de Elizakoetxea, nacido en Andalucía. Un total de 79 personas donaron entre 100 y 600 pesos; 77 entre 25 y 100; 8 entre 1.000 y 2.500. Una mujer donó dos joyas con diamantes y una monja, autorizada por la superiora, un real y medio.

Es indispensable tener en cuenta la frontal oposición desde 1749 por parte del sucesor de Bizarrón, Manuel Rubio y Salinas, ardiente opositor “de los colegios y demás instituciones independientes del control eclesiástico”. Habiendo ganado el juicio contra el Colegio de Guadalupe, que pasó a depender de su voluntad, dedicó sus esfuerzos a sojuzgar a los Mexikanuak. Los vascos comisionaron a un compatriota, banquero en Cádiz, para que librase los fondos necesarios para pleitear en la corte madrileña y el Vaticano, advirtiéndole Aldako a Meabe que, si no ganaban, era voluntad de los Mexikanuak “pegarle fuego a lo que nos ha costado nuestro dinero”.

En Madrid, “hilaron fino” dos miembros de la Congregación de San Ignacio, hermanada con la de Aránzazu mexicana: Agustín de Ordeñana, secretario de estado y José de Rada Agirre, capellán del rey. En Roma, fueron los jesuitas quienes se ocuparon del tema. Murieron el rey de Castilla y el Papa de Roma pero el pleito continuó con denuedo y sin desmayo. ¿Será malo recordar que los vascos mantuvieron con los soldados del dios católico acantonados en el monasterio de San Millán de Suso, el llamado Juicio de la Reja durante 663 años?

Pareció desbloquearse la situación en 1758. Recién electo el nuevo Papa, Clemente XIII, decretó una bula que atendía algunas demandas, siendo rechazada por los Mexikanuak. La edificación de una iglesia en el Colegio parecía un obstáculo insuperable pero los vascos estaban rotundamente claros: “…la iglesia se hace para el fruto espiritual del Colegio y no el Colegio para la iglesia”.

Resulta esclarecedor el artículo 6 de su Constitución (redactada por José de Egiara Eguren, Rector de la Universidad Real y Pontificia de México, y Francisco Xavier de Ganboa, famoso abogado) impidiendo a “…persona alguna, para convertirlo en Monasterio de religiosas, Beatas, u otro Instituto se ligue con votos solemnes o simples. Y se declara nulo, de ningún valor, ni efecto cuanto en contrario se hiciere disponer, aunque intervenga el consentimiento del Rector, Diputados, Rectores pasados, Thesorero y todas las Colegialas…” Tenían claro que con el Gizabidea era suficiente para mantener su causa. ¿Cómo explicar de otro modo la inserción en los estatutos fundacionales de una cláusula pidiendo al rey que denegase su protección al hospicio si se modificara el propósito original de proteger: “a las niñas y Matronas viudas, hijas y descendientes de Familias Vascongadas…expuestas… a abandonar los luestros del Pundonor sino lo que es más sensible y lastimosos a una relaxación total de costumbres…y ruina de la Pública Honestidad”?

El Papa publicó al fin una bula en 1766 que fue aceptada por los Mexikanuak y el Colegio de las Vizcaínas, al cabo de 33 años de trabas y obstáculos, fue inaugurado el 9 de septiembre de 1767.

¿Tozudez la de los Mexikanuak o cuestión de principios basados en su Gizabidea? Los Vascos pueden perder territorios y elementos tan singulares de su Cultura como el idioma, pues así ha sucedido en América y Europa, pero si mantienen su Gizabidea, su Camino del Ser Humano, la Etnología seguirá considerándolos Vascos. El hecho fue que gracias a su buen desempeño educativo e independencia político religiosa pudo evitar ser confiscado por los gobiernos mexicanos que tantas expropiaciones de sedes religiosas hicieron a lo largo de la historia republicana. Pero hay mucho más.

Entre las mujeres educadas en este famoso Colegio, queremos reseñar a Josefa Ortiz de Domínguez y Sara García “la Corregidora”. Huérfana muy joven de padre y madre, en su acta de bautismo podemos leer que fue bautizada por Manuel de Mitxelena y que su madrina fue Anna María de Anaya. Es reconocida como la impulsora del Levantamiento de Querétaro, 16 de septiembre de 1810, junto a su esposo, el sacerdote Hidalgo y los capitanes vascos, Ignacio de Allende, Juan de Aldama y Mariano de Abásolo. Tal efeméride está consideraba como el primer acto del proceso que logró la Independencia de México el año 1821. Pero esto no fue todo. Tras varios años de prisión, Agustín de Itúrbide, primer presidente del México independiente, le ofreció ingresar en su corte como dama de honor de su esposa, Ana Duarte. No solo rechazó esta propuesta sino cuantas le hicieron para recompensar su apoyo a la causa independentista. Falleció en Ciudad de México el 2 de marzo de 1829, a los 61 años. Considero un deber añadir que Josefa Ortiz de Domínguez es una heroína nacional, Benemérita de la Patria y fundadora de México, su nombre se encuentra inscrito con letras de oro en el Muro de Honor del Palacio Legislativo de San Lázaro y también en el Monumento a la Independencia junto a otras heroínas independentistas, habiendo aparecido su imagen en diversos billetes y monedas. Existen dos estatuas que honran su memoria: una en la Plaza de Santo Domingo en la Ciudad de México y otra en la plaza Corregidora de Santiago de Querétaro, además de varias escuelas, calles y hospitales que llevan el sobrenombre con el cual fue bien conocida: “La Corregidora”.

Puede que al lector novel le haya sorprendido ver tantos vascos comprometidos con el movimiento independentista desde sus inicios y que uno de ellos llegase a ser el primer presidente, aunque bajo el pomposo título de Emperador Agustín I. ¿Será inconveniente recordar a otro libertario, el primero en derrotar al ejército norteamericano? Tal fue José Doroteo de Arango y Aránbula, más conocido como Pancho Villa.

Sus planes de estudios abarcan desde preescolar hasta preparatoria. Como el Colegio es una institución privada, generalmente no se permite la entrada a turistas. ​ Uno de los principales medios por los cuales la institución recibe ingresos, aparte de los donativos,  es el alquiler del edificio para eventos sociales. El edificio puede alquilarse para bodas, presentaciones de libros y graduaciones. Algunas personas famosas que se han casado allí: Lucero y Manuel Mijares; Ninfa Salinas, hija de Ricardo Salinas Pliego; las hijas de Carlos Slim y Bernardo Sepúlveda Amor; la cantante María Inés Guerra y Gustavo Guzmán Favela. El edificio también ha sido utilizado para hospedar a dignatarios extranjeros como el rey de España. En enero del 2009 se alquiló para un concierto de beneficencia que ofrecieron Elton John y James Blunt.

El patio principal puede albergar 1.200 personas y otras 350 en la capilla. Normalmente se alquila durante los fines de semana y las clases son de lunes a viernes. Se requiere reservar con seis a ocho meses de antelación.

Hemos ojeado la Guerra contra los Amerikanuak de Potosí pero no podemos ignorar la que se libró en Venezuela. Voy a ser muy breve. La primera fase fue desencadenada por los Holandeses entre 1732 y 1733, y es conocida como Insurrección del Zambo Andresote, natural de Yagua; todo un líder arretxo que escapó por Chichiriviche hacia Curazao, abandonando a los suyos en un peregrinaje hacia el Orinoco digno de atención.

Los vascos tenían oídos en Inglaterra y todo el Caribe, por lo que ya sabían que una armada de guerra anglotxute llegaría en 1743. Zuloaga, Iturriaga y Gual (nacido en Gasteiz pero de ascendencia navarra, Pueyo) dirigieron la exitosa defensa. La invasión contaba con el apoyo de los Grandes Cacaos aunque condicionado al desembarco de soldados ingleses. Pese a la derrota que sufrió la flota inglesa en La Guaira el 2 de marzo de 1743, Mantuanos de la talla de Juan Vicente Bolívar, difundían bulos como que los aliados subían por Carayaca y cartas explicativas del proyecto de invasión: “La voz más común entre los ingleses, holandeses y judíos, es que esta guerra es por los vizcaínos, para cuyo efecto han escrito a esta Provincia 52 cartas, ofreciéndoles grandes conveniencias para que les ayuden a destruir la Compañía Guipuzcoana que dicen que la orden que traen de su rey, es hacer otra nueva colonia”.

Como sería el desastre que causaron los venezuelakuak de la época a los anglotxutes que los oficiales ingleses desobedecieron la orden de su comandante para atacar Puerto Cabello y a la altura de Borburata se desviaron hacia Curazao. ¿Queréis saber cómo llegó al puerto aquella flamante flota inglesa? Un testigo presencial dijo: El de 60 cañones llegó en bandolas, con 27 cañonazos en sus costados en la propia forma y sin lanchas vote ni anclas. El de 54 entró sin tajamar, verga de sevadora y con una serviola menos porque se la había roto. El paquebot de 18 cañones tripulado con 130 hombres avistó en la costa una fragata de la Real Compañía Guipuzcoana llamada la Sta. Teresa y se destacó para darle caza y habiéndola alcanzado la atacó y vino con ella por espacio de tres horas, pero la fragata, mandada por D. José de Iturralde, sin embargo de que no tenía más de 30 hombres, le hizo fuego con tal aire que obligó al paquebot a retirarse, con pérdida de 17 hombres muertos y más de 30 heridos y sin haber tenido esta fragata más que tres hombres heridos en esta función. Entraron después en Curazao las restantes embarcaciones de la escuadra y la Capitana tenía 37 balazos de los que algunos la bandeaban y llevaba muy maltratadas sus vergas y jarcias. Los dos de 60 cañones tenían más de 80 balazos y algunos los bandeaban, uno de estos navíos tenía roto el palo mayor y ceñido desde la fogonadura hasta los vaos con una rueca y los restantes entraron con bastante daño, de forma que, entre todos ellos, se contaban en sus costados 337 balazos y públicamente se decía en la Isla que había perdido la escuadra en el ataque 90 hombres muertos, entre ellos el Segundo Comandante que venía en la Almiranta, un Capitán de Infantería y otros subalternos y que tuvo más de 334 hombres heridos”.

No solo fueron bien recibidos y atendidos por los curazoleños sino que vieron reforzada su fuerza de ataque con navíos holandeses. Atacaron coaligados y conscientes de que los Mantuanos estaban de su lado, tal y como demostraron al poco tiempo, en lo que algunos chauvinistas venecos llaman “Alzamiento del Tocuyo de 1743”. ¿Cómo creer que un mulato de más de 50 años, Pedro de la Cruz; otro de 55 que era zapatero, Gregorio Rodríguez; el mestizo José Ignacio de Silva y Onofre con su hermano “jamuguero”, pudiesen liderar aquel escándalo? Porque llamarle Alzamiento Independentista es “mucho con demasiado”. La “mano pelúa” del Tocuyo fue Félix Alonso González Yépez, maestre de campo y sargento: ¿Cuál fue la de Caracas?

Puerto Cabello y sus aledaños fueron escenario de duras batallas, entre el 19 de abril y el 7 de mayo de 1743: 19 días a cañonazo limpio y plomo parejo pero los Venezuelakuak volvieron a obtener la victoria.

Los enemigos de los Venezuelakoak no cejaron en su empeño y una nueva insurrección holandesa-mantuana se produjo en 1749, liderada por el canario Juan Francisco León “el Guapo”, exigiendo “…que en toda la provincia no ha de quedar de esta raza persona alguna, que todas han de embarcar en el primer bajel o nao que se hallare en la bahía y en defecto se aprontará, a costa de dicha gente vizcaína, nao para el asunto.” La consigna más vociferada fue “Mueran los vizcaínos”. ¿No le hubiera resultado más fácil al Gobernador Julián de Arriaga, ejecutar al Guapo que remitirlo a la península para ser juzgado?

¿Habéis oído alguna vez la expresión criollísima “yo no jui”? ¿Qué podemos pensar de frases como las escritas por el Guapo al gobernador Ricardós el 16 de diciembre de 1751? “… a buscarme vinieron toda la Provincia…toda la gente vinieron y me sacaron de mi Casa, y me llebaron a Paxarito, donde allí vine con toda la gente a hazer mi propuesta al Señor Governor. Que no, que bien lejos de su ánimo “reñir con los soldados del Rey mi Señor ni agraviar a nadie, porque todos somos basallos suyos”. Que de ningún modo crea nada de lo de su hijo que si “fue a la tierra á dentro que dizen fue a buscar gente, no crea Vsa que yo lo mandé sino Vellacos de Caracas que lo insistieron, y lo hizieron ir…”. ¡Ay, gixajue! “que él, hubo de encabezar el movimiento que le llevó hasta Caracas con los tumultuados. De allí pensaba, seguramente, volver una vez presentada su petitoria; pero, haviendo entrado, hize mi pedimento, y rebolviendo la Rienda a la bestia en que iba, se armó un turbión de Gente, y se metieron en las casas Obispales…”. Cuando fue interrogado por Ricardós el 9 de febrero de 1752 confesó los nombres de más de 80 “Vellacos de Caracas”.

Los Mantuanos acantonados en la Corte de Felipe V sembraban cizaña contra la Guipuzcoana y José de Iturriaga, director de la Compañía, defensor de La Guaira y Puerto Cabello, les salió al paso, valorando de este modo la insurrección mantuano holandesa, encabezada por Francisco José León el “Guapo”: “El último alboroto suscitado por Juan Francisco de León, no fue furor repentino y arrebatado del pueblo, o de su comarca, que suele ser el origen de semejantes revoluciones, sino una empresa practicada con mucha premeditación; se abstuvieron los sediciosos de toda injuria personal al Gobernador, a los Dependientes y afectos de la Compañía: moderación muy desconocida de los tumultos populares, que ni siquiera guardan respeto a la justicia, ni se detienen en la efusión de sangre de los que son objeto de su malevolencia, y moderación que acredita bien quanto procuraban huir del odioso y sangriento sobreescrito de asesinos o amotinados; no tocaron los sediciosos, ni a los caudales de la Compañía, ni a los géneros de sus Almacenes, observando en todo una orden, una cuenta y una razón, qual pudieran en el negocio más tranquilo y sereno de la paz”.

Veamos la opinión de José Gil Fortoul, venezolano nacionalista, (Barquisimeto en 1861, Caracas en 1943), defensor a ultranza de Juan Vicente Gómez, famoso diplomático, escritor y político: “Las turbulencias de 1749 a 1752 nacieron y se alimentaron de una pretensión egoísta y nada patriótica de la oligarquía territorial; porque los grandes propietarios de la Colonia, que lanzaron a León en su aventura, y lo abandonaron cobardemente en la desgracia, no se proponían ningún fin de progreso político, antes sólo conservar intactos, con la expulsión de los guipuzcoanos, los privilegios que como señores de la tierra y amos de los esclavos tenían desde los tiempos de la conquista;”

Por si alguien está interesado, diré que el “peo” finalizó cuando la Compa accedió a vender 300 acciones a los Mantuanos e integrar una Junta de Precios con los Grandes Cacaos, presidida por el Gobernador, A la Catedral de Caracas le correspondieron 3.

Por haberme desviado del tema, me limitaré a citar frases de tres autores que conocieron de cerca lo que hicieron aquellos Venezuelakoak del siglo XVIII.  Depons, espía francés, refiriéndose a Maracay: “… al igual del pueblo, sus habitantes son dignos de la admiración del observador. Nadie presume de alcurnia ni se envanece con las distinciones. La industria, la actividad, el trabajo, son base de sus sentimientos. Muchas haciendas de algodón, añil, café, trigo, etc., mantenidas con inteligencia y cuidado, son testimonio inequívoco de la laboriosidad de aquellos hombres y fuente de su bienestar. No cabe duda de que la mayoría de ellos han de ser vizcaínos, pues éstos, entre todos los europeos residentes en Tierra Firme, se dedican con preferencia a la agricultura”.

  1. Humboldt (1769-1859), fundador de la Universidad de Berlín: “Se cuentan más de 52.000 habitantes en los valles de Aragua, sobre una extensión de terreno de 13 leguas de largo y 2 de ancho. Es una población relativa de 2.000 almas por legua cuadrada que casi es igual a la de las partes mejor pobladas de Francia. El pueblo o más bien el burgo de Maracay era antes el centro de las plantaciones de añil, cuando este ramo de la industria colonial era el más próspero. En 1795 contábanse allí 70 mercaderes con tiendas, en una población de 6.000 habitantes. Las casas todas son de tapias; en cada patio hay cocoteros cuyas cimas se elevan por encima de los edificios. El aspecto del bienestar general es todavía más ostensible en Maracay que en Turmero”.

Arístides Rojas (1826-1894) es más preciso: “A los vascos se debe el poderío de los valles de Aragua. Fueron los vascos los que introdujeron en Venezuela el añil de tinte, que cultivaron con buen éxito; fueron los primeros plantadores del algodón y de la caña de azúcar y los que, continuando en su labor civilizadora, hasta el fin de sus días, dejaron a sus hijos, por herencia provechosa, las virtudes del hogar y el amor al trabajo y a la patria.”

¿Qué; estáis cansados, aburridos y con gana de comer? Pues me vais a oír un par de cosas sobre la obra cumbre de los Amerikanuak y Europakuak: La Sociedad Bascongada de Amigos del País. Surgida en el seno de las tertulias que celebraban en el palacio Intsausti de Azpeitia los Diru’Andikis denominados Caballeritos, bajo el impulso de Xavier de Munibe, se presentó el proyecto a las Juntas Generales de Gipuzkoa en 1763, resultando aprobado en 1764.  La finalidad de la Sociedad está expresada en el artículo 1º de sus estatutos: “cultivar la inclinación y el gusto de la Nación Bascongada hacia las Ciencias, Bellas Letras y Artes, corregir y pulir sus costumbres, desterrar el ocio y sus funestas consecuencias y estrechar más la unión de las tres Provincias de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, y de todo el País Vasco”.

En los laboratorios del Seminario de Bergara, los hermanos Elhuyar descubrieron el Wolframio. De sus 100 alumnos, 31 eran cubanos, 21 mexicanos y 13 peruanos.

Tranquilos, ya llevo demasiado tiempo hablando; solo quiero hacer referencia a los Amerikanuak que pertenecieron a ella. En 1775, de los 868 socios que tenía la Sociedad, 500 eran Mexikanuak, 63 Kubanoak, 78 Peruanoak (46 en Lima y 32 en Arequipa), incluyendo dos virreyes, Guirior y Jáuregi. Algo similar sucedió en Argentina y hubo socios incluso en Filipinas, así como en Francia, Madrid, Cádiz y Sevilla.

Un apologético del conde Peñaflorida sostiene que “Todos ellos tenían en común su preocupación por la mejora de las condiciones económicas, culturales o sociales del lugar en el que residían. Eran hombres prácticos y de acción, interesados por las reformas de la sociedad y por la difusión del saber utilitario, para lograr mejorar las condiciones de vida”. Sin embargo, como por sus obras les conoceréis, la lucha de los Caballeritos de Azkoitia contra los auzókratas gipuzkoanos de la Matxinada de 1766, es un ejemplo de que su interés personal estaba por encima del general. Su decidida participación en las fraudulentas ventas de tierras comunales por parte de los ayuntamientos para paliar la sangrienta represión de los soldados napoleónicos es la prueba que lo confirma.

Con la Bascongada de Amigos del País ocurrió como con la Compañía Guipuzcoana de Caracas, por lo que podemos distinguir por sus obras a los “caciques de los indios”. El balance sin duda es aleccionador y positivo. En la actualidad, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, además de las comisiones en cada una de las provincias, tiene dos delegaciones: la Delegación en Corte, tal y como fue concebida en sus orígenes, y la otra en Méjico, dada la importancia también hoy como en el siglo XVIII, de los socios en aquel país.

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